Aunque puede considerarse un concepto nuevo, e incluso ambiguo en muchos casos, la Smart City es, ya de manera indudable, la senda que persiguen las grandes ciudades y empresas del mundo y que pronto emprenderán también todas entidades urbanísticas existentes.

De hecho, es el auge del urbanismo en el mundo el gran impulsor su desarrollo, ya que más de la mitad de la población mundial vive en entornos urbanísticos, segun el Eurostat, una tendencia ésta que tiende a aumentar en años futuros.

Pero otra de las claves fundamentales de la Smart City es la tecnología y la emergencia del mundo digital en nuestras vidas. Todo ello hace posible la conectividad de las relaciones y una visión global que se expande hasta la mobilidad, la asistencia y otros servicios fundamentales para el ciudadano.

Y es que él, el ciudadano, es el principal actor de esta nueva ciudad, ya que todos los procesos se enfocan hacia su calidad de vida y bienestar, por lo tanto, es fundamental su participación y colaboración en todo el desarrollo de la Smart City.

Aunque su desenvolvimiento difícilmente sería posible sin el compromiso de la Administración, en concreto del alcalde, que debe liderar un proyecto ideado a muy largo plazo, y que debe aunar los esfuerzos de multitud de enfoques y sectores.

La excelencia no se consigue en un periodo de tiempo, por muy largo que éste sea, sino que se consigue en plazos, en fases, con pequeños logros que caminen a la perfección. Sin el compromiso de todos los agentes y sin la aplicación de la última tecnología difícilmente se conseguirá.

Smart city

Tokio, el gran ejemplo actual de Smart City